Unas palabras sobre el 20 de junio

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Conmemoramos un nuevo 20 de junio, y como es habitual, la fecha nos invita a evocar las glorias de Don Manuel Belgrano, hombre que sin duda se encuentra entre las principales figuras del panteón de la Patria. No es para menos, además de haber tenido funciones políticas y diplomáticas, sin experiencia militar previa fue puesto al frente del Ejército del Norte, el cual se encargaría de expandir los sucesos de Mayo y contener el avance realista que pretendía sofocar la revolución de Buenos Aires desde el Alto Perú.

Ahorrémonos el párrafo Anteojito –o Billiken para los milennials- del texto. Que si Jujuy, Salta, Vilcapugio, Ayohuma; que si la Bandera en el Paraná del color de los Borbones, que si murió pobre y pagó con un reloj, que si los valores de humildad, entrega y patriotismo. Todos pasamos por la primaria.

Estas fechas son interesantes no para pensarnos como ciudadanos o nación o los clichés del discurso en el acto de la secundaria. Son interesantes para releer la historia nacional, desde diversos abordajes, y entender cada vez más la complejidad que reviste, los actores y sus motivaciones, los cientos; miles de anónimos que aportaron para un lado u otro de la causa, y que así como tenemos un Panteón de próceres, elegidos a lo largo de las épocas según las preferencias de quien –justamente- lee, relee y escribe la historia nacional, hay otras figuras de especial importancia.

Hoy el mérito que destacamos de Don Manuel Belgrano es haber reconocido a algunas de esas figuras cuyos esfuerzos (léase fortunas, prestigio, habilidades, hijos e incluso sus vidas) fueron puestas al servicio de la incipiente República Argentina. Y estos reconocimientos por parte de una de las figuras sacrosantas de la historia nacional son doblemente meritorios al tratarse de ser mujeres las reconocidas.

Martina Silva, además de bordar la bandera que guiaría a las tropas de Belgrano en la Batalla de Salta, fue decisiva a la hora de conseguir el aprovisionamiento de las mismas. Gracias a sus gestiones se consiguieron telas para los uniformes y dinero para los armamentos, y su hogar siempre fue puesto al servicio de la plana mayor del Ejército como hospedaje. Manuel Belgrano la nombraría Capitana del Ejército en reconocimiento a sus méritos.

Gertrudis Medeiros resistió con las armas la invasión española a Salta en 1814. Siendo parte de una red de mujeres patriotas y esposa de un Coronel del Regimiento de Patricios, fue tomada prisionera y llevada a pie a Jujuy, donde la noche antes de ser ejecutada logró escapar y volver a Salta a ponerse bajo el mando de Martín Miguel de Güemes. Sus acciones de espionaje fueron cruciales para la inteligencia militar patriota. Belgrano acompañaría su solicitud de pensión en 1818 ante el Directorio, calificándola de “distinguida y benemérita hija de la Patria.”

Juana Azurduy fue la encargada de reclutar diez mil milicianos para servir en el Ejército del Norte, donde junto con su esposo, el Coronel Padilla, se ganaron la simpatía de Belgrano. Al mando del Batallón de Leales, formado y entrenado por ella, combatió en Vilcapugio y Ayohuma; mereciéndole esta última el sable del prócer como obsequio y el grado de Teniente Coronel.

María Remedios del Valle, clasificada como parda según las castas de la época inició su trayectoria militar sirviendo en la Segunda Invasión Inglesa a Buenos Aires. Años más tarde, se incorporó al Ejército del Norte en calidad de Auxiliar. Si bien por cuestiones disciplinares no estaba permitido que haya mujeres entre las tropas, en la Batalla de Tucumán logró llegar hasta las primeras líneas para atender a los heridos. Su mérito le valió el reconocimiento de Belgrano como Capitana del Ejército, y el mote de Madre de la Patria por los soldados.  En Ayohuma combatió y fue herida de bala, siendo luego tomada prisionera. En dicho estado, y por haber ayudado a escapar a oficiales patriotas, fue sometida a nueve días de azotes como medida ejemplificadora. Una vez que pudo escapar, se reincorporó a la batalla al mando de Güemes y Arenales.

Sirvan estos breves esbozos para alentar esa relectura mencionada más arriba. Sin duda estas mujeres han sido parte fundamental de las luchas por la independencia, y sus biografías son de lo más interesantes; cierto es que tan sucintos párrafos no les hacen justicia. Don Manuel Belgrano fue quien primero les otorgó los honores correspondidos, si bien sus suertes y reconocimientos –que muchas veces no llegaron- fueron distintos luego de las batallas contra los realistas. Es por esto que este 20 de junio damos este espacio de reconocimiento a aquellas próceres que la historia –o mejor dicho, quienes la leen, releen y escriben- ha dejado fuera del panteón por mucho tiempo, pero que paulatinamente nuevas generaciones de argentinos las sacan del olvido y las ponen en su merecido lugar en la memoria colectiva.

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