Los días pasan, el riesgo continúa

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Día 94 o 95 de “cuarentena”, ya perdimos la noción de cuánto tiempo pasó desde que las autoridades sanitarias nos pidieron que nos quedáramos en casa. En el transcurso pasaron muchas cosas. Desde jubilados amontonados en la puerta de los bancos, anuncios de flexibilización un tanto confusos y hasta runners que salieron a las plazas de la ciudad de Buenos Aires, cual maratón en busca de un poco de respiro frente a tanto encierro.

Lo cierto es que en estas últimas semanas, pareciera que la percepción del riesgo ha disminuido. Nos basta con salir un rato a la calle y ver a la gente circulando como si no existiera medida de aislamiento o incluso leer en las noticias cómo un sector político tuvo varios casos positivos durante esta última semana para darnos cuenta que cada vez le tenemos menos miedo a este virus. Resulta alarmante debido a que los contagios se están incrementado notoriamente, en especial en la región del AMBA. Mientras tanto, muchos cuestionan la continuidad de la cuarentena, de sus efectos en la economía y otros se preguntan si el sistema de salud va a colapsar o no abriendo diversos debates que incluso hasta suelen distraernos del problema principal, que es que afuera hay una pandemia que ha terminado con la vida de cientos y miles de personas alrededor del mundo.

¿Qué papel juega la comunicación en esta etapa? No nos quedan dudas que esta pandemia revalorizó el rol de la comunicación no solo como instrumento de difusión, también sirvió para acercarnos y mantenernos conectados unos con otros. Sin embargo, debemos ser conscientes (comunicadores, organizaciones y responsables políticos) de que es momento de comunicar más que nunca porque una buena comunicación es capaz de salvar vidas en momentos delicados como el que estamos atravesando.

Es aquí donde se debe implementar una comunicación de riesgos más consistente, que apunte verdaderamente a prevenir, concientizar y modificar los comportamientos que luego de más de tres meses de aislamiento, parecen estar desapareciendo. Tomar esta herramienta de comunicación, implica que los recursos y sus efectos deben propender a reducir la atención y desviación hacia temas menos importantes (Fontana y Cabas, 2014).

Tal vez el mensaje de “Quedate en casa” siga funcionando para ciertos públicos, sin embargo hoy el contexto es otro al igual que el humor social. Se debe buscar entonces, estrategias que brinden certezas comunicativas y que permitan a la población tomar conciencia de que en estos momentos críticos, debemos cuidarnos entre todos. Los mensajes deben ser adaptados para cada grupo o sector apelando a las percepciones y preocupaciones de cada uno de estos así como también a sus conocimientos y prácticas cotidianas; no se puede comunicar un mismo mensaje para todos aunque la finalidad sea la misma.

Quizá, este sea uno de los pequeños faltantes y puntos débiles de la comunicación de gobierno, que si bien ha sido gestionada de manera eficiente y ordenada desde un principio, tuvo sus momentos de improvisación e incluso contradicciones que ha repercutido en la confianza de la opinión pública.

Los días pasan y parece que nos acostumbramos a este nuevo estilo de vida, donde casi no nos sorprenden los números de contagios que nos brindan en los reportes diarios. Los días pasan y pareciera que allá afuera no hay pandemia, que cada vez es más difícil continuar encerrados pero la realidad es que el riesgo continúa y que sin una buena gestión de la comunicación difícilmente el público se comprometa a colaborar para mitigar esta crisis que nos involucra a todos.

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