La empatía selectiva ¿el país o el extranjero?

0

La empatía es una virtud humana que desafía al ser humano mismo. Podemos ocuparnos horas debatiendo si la empatía es innata, se aprende, se desarrolla y se mejora, si la tenemos todos o algunos. Sin embargo, lo único que resulta claro, es que la empatía es selectiva.

Cada persona decide empatizar más con uno que otro, quizás por edad, por género, porque están viviendo situaciones similares, o sólo por lástima. ¿Podría esta capacidad de identificarnos con el otro y compartir sus sentimientos juzgarnos como persona? ¿Y cómo nación?

Un país no existe sin su población. Por más cliché que suene, ésta es una verdad que podemos encontrar explicada en textos jurídicos, de seguridad y de relaciones internacionales. Pero mejor que hablar de la población es referirnos a la nación como aquel grupo de personas que se sienten identificadas con el territorio que habitan. Entonces ¿éste vínculo no debería demandar empatía entre sus partes constitutivas?

La situación que motiva esta reflexión está dada por los últimos sucesos ocurridos en Beirut, la capital del Líbano, que se suma a una inmensa lista de países intervenidos, ciudades arrasadas y bajas civiles.

Parecería que estas imágenes, estos videos, estos hechos, provocan en cada uno de nosotros tristeza, ira, lástima, pero ¿qué tienen en común? Todos ocurren fuera de nuestro territorio nacional.

Popularmente se tienden a asociar estos acontecimientos con el accionar de algún grupo delictivo internacional, preferentemente grupos terroristas, al margen que éstos se hubiesen o no atribuido el golpe. Empero, ésta es una realidad que también sucede en nuestro país. Y nuevamente, parecería que aquellas tragedias asociadas al terrorismo son las que más sentimientos movilizan.

Lejos de quitarle el significado y los sentimientos encontrados como consecuencia de lo sucedido en la Embajada de Israel en 1992 y en la AMIA en 1994, éstos se convierten en claros ejemplos de lo que quiero referirme. Así como en ambos edificios les fue arrebata su vida a decenas de personas, sucesos que aún deben una explicación a sus familias, a los ciudadanos y a la historia argentina,  la violencia y el atentado contra la vida en nuestro territorio se volvieron una moneda corriente. Empero, y como fuese anticipado, estos ejemplos particulares se han asociado a maniobras terroristas, manifestación de la violencia que mayores reacciones y emociones generan.

En nuestro país, además de tales acontecimientos, la violencia se ejerce a diario sobre las minorías.Éstas son las que más padecen las atrocidades físicas y psicológicas, en un silencio que por vergüenza no exteriorizan, o que por no generar suficiente rating, los medios no incluyen en sus agendas.Y, no necesariamente significa que sean minoría, pero sí que son los grupos más vulnerables, los menos visibilizados. Las mujeres, las personas de la comunidad LGTBIQ+, los indígenas.

¿Sabías que en el año 2017 se registraron 103 crímenes de odio motivados por la orientación sexual, la identidad y/o la expresión de género?¿Y que en el 2019, 247 mujeres fueron víctimas de femicidios? Y, peor aún ¿que no existe un registro específico para los homicidios de integrantes de los pueblos indígenas? Aunque muchos puedan manifestarse en contra de esta discriminación y violencia institucionalizada en nuestro sistema social, económico y político, son características que existen pero muchos prefieren no escuchar, no leer, evitar.

Hacer la vista gorda no elimina los hechos, pero silenciar sus voces, testimonios reales de nuestra cotidianeidad, nos vuelve ignorantes. La ignorancia y el desconocimiento, intencionada o sin intención, imposibilitan la empatía y en consecuencia la acción; una actuación que permita enfrentar esta situación y, con mucha suerte, ponerle fin. Es nuestra responsabilidad como sociedad informarnos más allá de lo que los medios nos muestran, exigir la transparencia al Estado de sus acciones e inacciones y demandar políticas que velen por nuestro bienestar general.

Por lo tanto, ¿será posible afirmar que empatizamos más con las víctimas extrajeras que con las nacionales por falta de información, eliminando así la categoría terrorismo de la ecuación, y poniendo en pie de igualdad el valor de la vida? La información se vuelve una herramienta de poder, y la ausencia de ésta o su distorsión, apropósito o involuntariamente, termina afectando, en última instancia, la unidad nacional, amenazando así la supervivencia misma del Estado, no sólo por ser la nación uno de sus elementos constitutivos, sino por el desafío a la gobernabilidad que las famosas “grietas” generan.

Leave a Reply

Your email address will not be published.