El futuro del desarrollo sostenible en Argentina

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La realidad define a diario la agenda política. La urgencia antecede lo importante. Las autoridades son criticadas porque sí y porque no por una sociedad dividida. Una grieta que aquellos que se benefician de ella insisten en su existencia.

La realidad es que Argentina es un país complejo. Supo ser un líder regional e incluso un poder mundial. Fue un ejemplo en extensión de infraestructura de transporte y capacidad militar. Fue y es una fuente de alimentos indiscutible. Fueron los años y los gobiernos, las elecciones del pueblo, las democracias y las dictaduras, las que transformaron esa Argentina en la actual Argentina.

La (des)confianza en las instituciones, en los decisores del Ejecutivo, pero también en la Justicia. La esperanza de una juventud que cree que el futuro puede ser diferente convive con una generación que bajó los brazos, resignada a mantener viva la ilusión de que los próximos serán mejores.

La corrupción, la falta de transparencia y la lucha partidaria fueron apoderándose del espectro político y de la República. No se trata de izquierdas y derechas. Son ciudadanos argentinos que visten una banda y un bastón, pero ciudadanos al fin. Son personas que aturdidas por embrollos heredados y muchos otros que a futuro enfrentarán, pierden el horizonte. Pero lejos me encuentro de criticar a quienes asumen tan desafiante posición. ¿Quién tuviera el coraje de pararse allí y poner el cuerpo por un país entero? Definitivamente, el poder no es para cualquiera.

Pero, ¿de qué horizonte hablamos cuando pensamos en Argentina? Puede haber tantas respuestas como personas. Cuarenta y cuatro millones de alternativas que deben sintetizarse en unos pocos ítems de campaña de unos cuántos intendentes, veinticuatro gobernadores y un presidente que, de ser electos, deberán enfrentarse a una realidad que pondrá en jaque esas intenciones, esas acciones prometidas. Compartir o no las decisiones de un gobierno es anecdótico. Lo importante es poder observar, coincidir y criticar a todos y cada uno de los partidos. La democracia es consenso pero también un modelo contestatario.

Es necesario entender ésto, que existen posturas que no encajan en el esquema gobierno-oposición, para que Argentina revierta el camino que lleva recorriendo desde hace años. Pero esta reflexión no trata de política partidaria, sino de la clave para el futuro.

En 2015 Argentina fue parte de un llamamiento mundial a través del cual se comprometió a avanzar en el desarrollo sostenible. A pesar de la maravillosa guía en la que se convierte la Agenda 2030 y el anhelo vibrante de conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible que contiene, o así intentan expresar las acciones del país, una deuda queda pendiente.

Lograr un desarrollo sostenible requiere de una única cuestión. La misma herramienta que el país para salir adelante. Argentina necesita un consenso nacional apartidario.

El país debe decidir cuál quiere que sea su futuro. Tras 210 años de historia el debate continúa girando en torno al sistema productivo, el campo o la industria; a las alianzas internacionales, occidente u oriente. Pero nadie se pregunta qué país queremos ser.

Cuando todas las fuerzas del espectro político logren consensuar qué país quieren que sea la Argentina, recién ahí podrán empezar a pensar en las capacidades que se poseen y las capacidades que faltan.

Pero ante todo, una vez que la política decida el país que quiere, le debe trasmitir el mensaje a la ciudadanía. Todos y cada uno de los ciudadanos debe poder recibir y entender el mensaje y manifestar su opinión al respecto. Al fin y al cabo, un país no existe sin su población, y si las personas no apoyan el proyecto de la Argentina del futuro, ¿cuáles serán las fuerzas que permitan alcanzar ese objetivo común? Los políticos no son magos y la sociedad no debe permanecer pasiva. Todos juntos podemos alcanzar el objetivo nacional que nos propondramos.

Por más ideal que ésto parezca conlleva un mensaje. Cambiar el país es responsabilidad individual y colectiva. De los electores, los elegidos y los que no ganaron los cargos. 

La inclusión se torna determinante. Para ello, garantizar oportunidades de acceso a una educación de calidad, de trabajo decente, y ante todo, de una alimentación sana y nutritiva, será la base.

La igualdad de la sociedad, de derechos y garantías, de protección, en términos económicos, sanitarios, de seguridad y de género.

Conocer la realidad y poder brindar críticas constructivas sin censura es uno de los pasos fundamentales para cambiarla. Una sociedad con posibilidades de desarrollo y un ambiente protegido para las generaciones actuales y venideras. Una voluntad política nacional. Ingredientes todos para la definición de una política de Estado. 

Una Política de Estado que desde hace mucho tiempo no hay en Argentina y que podría reingresar en escena como una respuesta a esa pregunta inicial ¿qué país queremos ser?

El debate debe comenzar ahora y las acciones también. La planificación de una política de Estado no debe permitir que en el presente se adopten caminos alternativos que nos alejen más de ese objetivo. El futuro ya llegó, son nuestras acciones de este tiempo y lugar. Armémonos de valor para enfrentar el futuro incierto. Para intentar moldear el futuro en base a nuestros propios intereses. Generemos un diálogo intersectorial basado en la solidaridad y el respeto. Actuemos todos en el mismo sentido.

Argentina como país y como parte de esa comunidad internacional comprometida con el desarrollo sostenible debe comenzar a tomar decisiones importantes que velen por la prosperidad social, económica y ecológica, que no deje a nadie atrás en el presente ni en el futuro; una verdadera política que sea nacional y de largo plazo, una verdadera Política de Estado.

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