La brecha digital en Argentina

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La historia del ser humano moderno comienza con la escritura. Desde su invención, las
tradiciones orales se transformaron en conocimiento, y lograron transgredir barreras
espaciales y temporales. Cada uno de nuestros relatos, pensamientos, leyes, y registros,
empezaron a ser transmitidos por este nuevo vehículo. El conocimiento colectivo creció
y se multiplicó; y aquellos con la capacidad de adjudicarse el dominio de la lectura y
escritura emergieron por encima del resto.


En un principio, la capacidad de leer y escribir se transformó en una herramienta de
poder. Es privilegio, expresión, opresión, arte, y propaganda. Pero también creó una
barrera significativa de movilidad social: sin esas habilidades, un individuo está en clara
desventaja económica, social y cultural respecto a sus pares. Hoy en día existe un
amplio consenso sobre la importancia de poseer un alto grado de alfabetización para el
desarrollo económico tanto individual como social. Saber leer, escribir y hacer cuentas
matemáticas básicas es requerido para cualquier tipo de trabajo. Y cuando una persona
adquiere estos conocimientos, hace uso de ellos y los perfecciona a través de la
educación, puede acceder a puestos de trabajo de mayor importancia, con mejor
remuneración económica, y mayor beneficio a la comunidad. Las personas más capaces
y educadas pueden solucionar problemas más difíciles. La educación y la alfabetización
de los individuos es un beneficio neto para la sociedad.


En muchas de las sociedades contemporáneas, el analfabetismo se considera un
problema resuelto. Se da por sentado que la mayoría de los niños y niñas de un país que
tenga un mínimo grado de desarrollo aprenden a leer y escribir a una edad temprana,
para poder transitar cada una de las escalas del sistema de educación, con la esperanza
de que se desarrollen en adultos productivos y funcionales de acuerdo a las exigencias
del mercado laboral de hoy en día. Pero en un mundo donde la tecnología adopta un
modelo de constante innovación y disrupción, ¿podemos afirmar que nuestro sistema
educativo nos prepara de manera adecuada?


Cada uno de los avances tecnológicos que han ocurrido en los últimos siglos han
proveído grandes beneficios sociales y económicos, pero también nuevos desafíos. El
más notorio y transversal de estos últimos avances es el advenimiento de las
computadoras personales. Con la adopción de la computación en todos los aspectos de
la vida, reflejados en la automatización de tareas y procesos manuales, la
hiperconectividad de dispositivos como nuestros teléfonos, hasta electrodomésticos
como heladeras y televisores; así como la inclusión de inteligencia artificial en diversas
aplicaciones antes impensadas; se puede decir que las formas de trabajo que conocemos
atravesarán una transformación drástica; y en algunos casos, incluso desaparecerán.
Casi en cualquier actividad económica que se piense, se puede ver como trabajos que
normalmente eran ocupados por personas fueron reemplazados por máquinas y
computadoras.


A su vez, también podemos afirmar que cada vez que una tecnología más eficiente y
barata se inserta en nuestros procesos económicos, nuevas formas de trabajo emergen
en reemplazo de las viejas. Éstas suelen ser más eficientes, aprovechan conocimiento
más profundo y específico. Como resultado, la economía se transforma, se digitaliza, y
con ella, las habilidades que se requieren para ser participantes también. Las nuevas
formas de empleo que se generan tienden a seguir la imparable tendencia de la
automatización. Lamentablemente, este cambio de dinámica incrementa la desigualdad
y la polarización del mercado laboral. Aquellos que tengan habilidades informáticas para
la economía digital correrán con claras ventajas. Los que no, quedarán excluidos.
Para asegurar que grandes sectores de la población no queden rezagados y excluidos
de las actividades económicas de la sociedad moderna, es requerida una nueva clase de
alfabetización: una alfabetización ​digital​. De una forma básica, tal proceso requeriría
capacitar a las personas en el uso de computadoras y otros dispositivos electrónicos
para hacer tareas productivas, como saber usar editores de texto u hojas de cálculo;
escribir correos electrónicos y adjuntar archivos; diseñar presentaciones; saber realizar
trámites en oficinas virtuales, etc. Luego, en una fase más sofisticada y específica,
aprender programación, modelación en 3D, edición de fotos e imágenes, entre otras. La
adopción de herramientas y procesos digitales en todos los aspectos de las economías
actuales no va a detenerse. Es imperioso adoptar una posición proactiva para resolver el
desafío que ello nos plantea.

El objetivo de ONU: Incrementar el acceso a las tecnologías de la
información y la comunicación


En 2015, la Organización de las Naciones Unidas creó una lista de 17 objetivos llamados ​Objetivos de Desarrollo Sostenible​ (ODS). Éstos fueron adoptados por todos los miembros del organismo multilateral con la meta de terminar con la pobreza, proteger el planeta y asegurar que las personas puedan disfrutar de paz y prosperidad duradera para 2030. Este llamado universal a la acción, pretende priorizar el progreso de aquellas naciones que se encuentren más atrasadas respecto al resto. Uno de estos objetivos, el ODS número 9, se trata sobre la industria, innovación e infraestructuras. En particular, una de las metas a cumplir con este objetivo es la de “​Aumentar significativamente el acceso a la tecnología de la información y las comunicaciones, y esforzarse por proporcionar acceso universal y asequible a Internet en los países menos adelantados”​.


La agenda de la ONU para 2030 reconoce que: ”​La distribución de la información y
tecnologías de la comunicación, junto con la interconexión global tiene gran potencial
para acelerar el progreso humano, para cerrar la brecha digital y desarrollar sociedades de
conocimiento”​. En el informe de economía digital de 2019, producido para la conferencia de comercio y desarrollo, la ONU detalla: “​La digitalización afecta la mayoría de los procesos productivos y actividades en una economía, involucrándose con productos en todos los sectores, desde la agricultura a los servicios. Actualmente el mundo se encuentra en las primeras fases de esta transición. La mano invisible del mercado será digital, administrada por las grandes plataformas digitales. Algunas de ellas ya han llegado a tener alcance global en sus respectivas áreas de negocios. Estas compañías tienen suma importancia para la organización de las actividades económicas; con inteligencia digital facilitada a través de los datos generados por sus usuarios son uno de los factores centrales para la creación de valor que define la economía global digital.​”.

La realidad económica de la civilización contemporánea indica que la economía se ha
digitalizado en gran parte. Resta ahora lograr la inclusión de los sectores de la población
que carecen de los medios para aprender los conocimientos que se requieren en esta
nueva economía.

La brecha digital en nuestro país

Argentina se encuentra en una situación particular respecto a su aptitud para la
economía digital. Nuestro país es uno de los paises mas caros en lo que se refiere al
precio de productos tecnológicos (segunda más cara en LatinoAmérica, medida en
USD). El costo actual es prohibitivo para un gran sector de la población; y si ampliamos
la imagen para incluir productos más sofisticados que son necesarios para infraestructura de organizaciones y empresas, la situación empeora. El encarecimiento de productos tecnológicos significa un atraso considerable para nuestra economía respecto a los del resto de Latinoamérica y el mundo. Y esa tendencia no parece revertirse, sino empeorar.


Otro punto a destacar, de manera más positiva, es que nuestro país cuenta con un grado de penetración de servicios de internet superior al promedio del resto de LatinoAmérica (93% de su población se encuentra conectada, vs 72%), aunque si medimos la velocidad promedio del servicio, la posición de Argentina cae hasta el 8vo puesto en el continente. Estos puntos indican desafíos a la hora de escalar la economía digital argentina. Si bien el alcance de la infraestructura no está del todo mal, la baja calidad de las conexiones y el costo elevado de los productos tecnológicos retrasa la inclusión digital de los sectores económicamente desfavorecidos de nuestra población.

Desde el estado se han impulsado distintas iniciativas a lo largo de los últimos años.
La más conocida fue “Conectar Igualdad”, lanzada en 2010 por el gobierno nacional,
siguiendo los pasos del plan Sarmiento que se llevaba a cabo en CABA. Contemplaba
entregar una ​netbook​ a cada estudiante y docente de escuelas secundarias públicas,
educación especial e institutos de formación docente de todo el país. Se estima que
hasta 2015 se habrían entregado casi cinco millones de netbooks. El programa incluía el
desarrollo de software educativo especializado y la capacitación de docentes. Esta
última era ofrecida a través de talleres, cursos presenciales y/o virtuales de iniciación y
profundización digital, encuentros de formación de formadores, entre otros.


Si bien esta política se ofrecía como un gran avance social y educativo, encontró
varias dificultades en su implementación. Desde que se pactaba la entrega, el cuerpo
docente y directivos eran responsables de la coordinación con los agentes del
programa, intensificando sus obligaciones y complicando sus tareas cotidianas. Las
entregas también podían ser problemáticas, muchas veces no alcanzaban a todos los
cursos, o a todos los alumnos de un mismo curso, generando más problemas a la
dinámica institucional. También sucedía que los alumnos y los docentes recibían los
equipos en paralelo, quitando la oportunidad a estos últimos de jerarquizar saberes y
preparar estrategias didácticas apropiadas. Las capacitaciones al cuerpo docente eran
impartidas fuera del espacio y horario escolar, en lugares donde muchas veces no
estaban adecuadamente preparados con la infraestructura y conexiones necesarias para
dicha tarea. La entrega de las máquinas, en muchos casos, no hizo sino potenciar una
situación ciertamente desbordada. Para los maestros, su irrupción en la escuela y en las
aulas significó un elemento más que se sumó a la complejidad de estar al frente de la
clase. A esto también hay que sumarle la cuestión técnica de las netbooks que suelen
presentar los más diversos y muchas veces irresolubles problemas: se “cuelgan”, no
encienden, falta de conexión, teclados que se desarman, etc; para los cuales los docentes no se encontraban del todo preparados para resolver.


En 2018 este programa fue reemplazado con el programa “Aprender Conectados”, que
era tenía un objetivo similar pero lo haría a través de distintos métodos, basadas luego
de los resultados de la Evaluación Aprender 2016 y 2017 (donde se habría constatado que
el 94% de los docentes y 87,7% de los alumnos que finalizaron la secundaria contaría
con al menos una computadora en sus hogares). Este se basaba no tanto en el modelo 1
a 1 de Conectar Igualdad, sino en orientar la enseñanza de los cursos hacia la programación y la robótica a través de clubes de programación, laboratorios de robótica y aulas digitales móviles en las escuelas, argumentando que éstas últimas deberían ser los núcleos de ​alfabetización digital​, dado que hoy en día la situación respecto al acceso a dispositivos con conexión a internet mejoró notablemente comparado con el año 2010. El plan estaba enmarcado dentro de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU y en el Plan Estratégico Nacional 2016-2021 “Argentina Enseña y Aprende”.


Entre ambos planes había diferencias significativas. Para mencionar algunas de ellas, un
cambio fundamental de Aprender Conectados era que las notebooks de este programa
no saldrían del aula, en contraposición a uno de los elementos principales de Conectar
Igualdad, que era el otorgamiento del equipo a cada alumno incluso luego de su egreso.
Otro cambio no menor, es que este programa se ejecutaría en todos los niveles de
educación obligatoria, no solo el secundario.


Aprender Conectados no llegó a tener la longevidad de Conectar Igualdad, con lo cual
todavía no se pueden conocer detalles concretos de su alcance, ni tampoco de su
ejecución. La recopilación de estadísticas relevante al programa no ha sido transparente
y como tal dificulta realizar una lectura si la discontinuación de Conectar Igualdad para
la implementación de Aprender Conectados representó una política pública adecuada
en su momento. Pero si nos paramos en el contexto actual, la respuesta es más clara.


La crisis generada por la pandemia del Coronavirus desnudó las graves falencias de
nuestro sistema educativo. Lamentablemente, la interrupción de las clases desde que se
declaró la cuarentena obligatoria en nuestro país no hizo más que agudizar la enorme
desigualdad en la aptitud tecnológica tanto de alumnos, como docentes. Las
instituciones educativas no tienen otra forma de continuar sus actividades que a través
de entornos virtuales, que requieren de una computadora y acceso a internet. Para
aquellos que no poseen las herramientas, o las poseen pero no tienen el conocimiento
adecuado para usarlas, ven su acceso a la educación interrumpido. Esto afecta
desproporcionadamente a los sectores económicamente vulnerables de nuestra
población: familias de bajos ingresos, familias que viven en áreas rurales, cuyo acceso a
la tecnología y la conectividad es más difícil que familias urbanas de mejores ingresos.


La Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de la ONU es un importante llamado a la
acción; la brecha digital, cuya solución es mencionada como una de las metas a cumplir
dentro de su marco, es uno de los problemas que debemos resolver como sociedad.
Esperemos que cuando 2030 llegue, éste ya se encuentre resuelto, de la misma forma
que hoy en día consideramos resuelto en gran parte el problema de la alfabetización.





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